POR: María Fernanda Bustamante Sáenz (PERIODISTA)

JUEVES 15 DE MAYO DEL 2010.

Estaban sentadas en el Parque Nacional, empezaron a hablar de todo eso que hablan las parejas. Cada vez se acercaban más, y para estar más cómodas decidieron acostarse en el zacate. Una de ellas recostó su cabeza sobre el hombro de la otra, demostrando su cercanía y su afecto, mirando el cielo y hablando tranquilamente.

“Cuando de repente, la voz de un hombre se hizo escuchar: “Háganme el favor y se levantan de ahí, esos cuadros son muy feos”, dijo. La pareja volvió su mirada hacia él, descubriendo que se trataba de un guarda de ese parque, el cual las miraba de forma despectiva y discriminante.

Para evitar problemas, ambas se levantaron y tomaron asiento en una banca, sintiéndose incómodas por la solicitud de ese hombre. La pareja se extrañó ante tal situación, ya que no se encontraban haciendo nada inapropiado.

Debido a la homofobia de la que muchas personas son víctimas, surgió la creación de bares orientados específicamente a la población lésbica/gay del país. “Ojalá no tuviéramos que ir a bares específicos, sino que podamos ir a los que queramos y que seamos respetados por nuestra orientación sexual, pero esto no pasará hasta que tengamos una sociedad respetuosa e igualitaria”, afirma Ana Vega Chávez, dueña de la Discoteque La Avispa, ubicada en el centro de San José.

“La Avispa apareció por primera vez en Guadalupe en al año de 1979, era un bar abierto a todo público. Sin embargo, según narró Vega, en ese lugar, el bar no era muy concurrido, además surgían constantes conflictos entre “bugas” (heterosexuales) y personas de preferencia homosexual, debido a ciertas actitudes discriminantes por parte de los primeros.”

La propietaria de ese bar recordó que un día pasó enfrente de un edificio en San José, y notó que estaba en alquiler, por lo que inmediatamente se puso en contacto con el arrendante y llegaron a un acuerdo. Para ese entonces, continuaron los conflictos por las diferentes preferencias sexuales, por lo que se decidió trabajar “a puerta cerrada”, lo cual consistía en dejar entrar solamente a personas conocidas, con el objetivo de proteger a la comunidad lésbica/gay que asistía frecuentemente al bar.

La edificación del bar inicialmente era una casa, con habitaciones, “al principio tenía como 10 mesas nada más, era muy pequeño, con 50 personas ya se llenaba, al inicio no se bailaba, luego la gente fue haciéndolo de acuerdo a las necesidades”, recordó Ana Vega.

El nombre de “La Avispa” fue inspirado en una melodía del mismo nombre que sonaba en esa época, la cual era del agrado de Vega. Además, poseía cierta semejanza con el nombre de la propietaria (Ana Victoria).

Ana recuerda que en un inicio hubo muchos conflictos con la Policía, “nosotros prendíamos una luz blanca en señal de que la policía había entrado al bar, entonces las parejas se separaban y se intercambiaban, cuando la policía entraba encontraba parejas de hombre y mujer solamente, pero aún así nos pedían identificaciones y nos metían a todos en perreras, y nos dejaban en la Comisaría pasando la noche”.

A raíz de tantos actos de violencia, las personas empezaron a agarrarle cariño a La Avispa, según Vega, “significa una institución para la gente, nuestro público ahora es una mezcla de todos los sectores sociales”.

La afirmación anterior es confirmada por las encuestas realizadas a hombres gay y mujeres lesbianas, los cuales coinciden que La Avispa es un ícono entre las personas de “ambiente” (homosexuales). Su buena fama y las buenas referencias que posee, la ha ayudado a convertirse en un bar representativo para las personas en general, sin importar su preferencia sexual, esto se observa en dicha encuesta, ya que todas las personas afirmaron haber ido al bar con personas heterosexuales.

Una de las estrategias implementadas para aumentar los clientes de La Avispa, fue crear un espacio solamente para mujeres, en el pudieran hablar, conocerse y sentirse en confianza de ser ellas mismas. “Al inicio, se daban charlas sobre el feminismo radical lesbiano, pero también montábamos pequeñas obras cómicas o inventábamos canciones lésbicas que cantábamos en la pista de baile de La Avispa”, narra Alda Facio, miembro de dicha agrupación.

 

La idea de la Noche de Mujeres surgió del grupo Las Entendidas, del cual Vega también formaba parte. Ese fue el primer grupo lesbofeminista de Costa Rica, fundado a principios de 1987. Esta agrupación inició siendo un grupo de apoyo donde las mujeres podían discutir sobre sus intimidades, dudas y conflictos, pero luego el concepto sufrió un cambio, ya que ese conjunto quiso fortalecerse para poder llevar el mensaje del feminismo lésbico a otras lesbianas, así como a las feministas heterosexuales.

Las mujeres que conformaron ese grupo sufrieron de mucho rechazo ante la sociedad de ese tiempo. Vega recuerda que en 1990 quisieron realizar el II Encuentro Lésbico Feminista de América Latina y el Caribe, y decidieron realizarlo en Semana Santa, ya que muchas de ellas tenían libre; sin embargo, ese hecho desencadenó una serie de hechos discriminatorios que incluían a la Iglesia y al Estado costarricense.

Ester Serrano, en su artículo “Historia de las organizaciones lésbicas en Costa Rica” describe el clima previo al Encuentro: “La campaña de agresiones se inició mucho antes de que las mujeres se reunieran, los periódicos empezaron a publicar noticias alertando a la población de la reunión de lesbianas. La iglesia católica se proclamó contraria al Encuentro, el arzobispo Román Arrieta manifestó que “Costa Rica siempre se ha caracterizado por sus valores humanos y espirituales y un encuentro de esta naturaleza es una mancha en el rostro de la patria”

Por otro lado, el Estado costarricense, por medio del Ministro de Gobernación, Antonio Álvarez Desanti, argumentó que trataría de prohibir el encuentro ya que el mismo “riñe con las naturales y sanas costumbres que rigen en Costa Rica. Vega recordó que el ministro incluso “mandó un comunicado al aeropuerto para que no dejaran entrar mujeres extrañas, que tuvieran aspecto de lesbianas. Aún así nosotras realizamos el encuentro, a escondidas, pero muchas se atemorizaron y no llegaron”.

Incluso la prensa escrita fue partícipe de estos actos de intolerancia, en una de sus publicaciones se leía:“Costa Rica no puede convertirse en receptor de este tipo de visitas que solo daño y mal ejemplo pueden ofrecer a nuestra juventud. No podemos convertir a nuestra patria en un basurero, donde estafadores, drogadictos, traficantes y ahora lesbianas, quieren convertir a esta tierra en su perfecta guarida”.

 

El post encuentro resultó ser fatal para el grupo, recuerda Alda Facio, ya que “muchas mujeres del grupo de Las Entendidas sufrieron agresiones durante el encuentro, por parte de un grupo grande de hombres que quién sabe cómo se habían enterado del lugar exacto donde se realizaba el encuentro, el grupo nunca pudo recomponerse totalmente. Durante un año después de ese encuentro hicimos esfuerzos por recuperar la confianza en el grupo pero el miedo había clavado sus raíces muy hondamente en cada uno de nuestros corazones”.

“El ambiente era duro, pero con el transcurrir de los años, el mismo cariño y la solidaridad lo fueron serenando hasta convertirla en lo que es hoy: un espacio donde las personas buscan el calor humano de quienes comparten sus mismas opciones de vida”, como puede leerse en el sitio web de La Avispa.

La sociedad ha establecido ciertos límites para las personas homosexuales, privándolas de su derecho a ser feliz; sin embargo, el amor no mira sexo, ni edad, ni condición económica, entre otros. Así que, como afirmaba un artículo de dicha temática: “No importa de quien te enamores mientras tengas amor en tu vida”.

POR: María Fernanda Bustamante Sáenz (PERIODISTA)